Ven, quiero platicarte de algo que llevo años observando en mí mismo, y que sigo observando cada día, porque esto no es una lección que se aprende una vez y queda resuelta, es una vigilancia de toda la vida.
Hay una voz dentro de ti, la conoces bien, aunque quizás nunca la hayas mirado de frente, que lleva toda tu vida contándote quién eres. Te dice lo que mereces y lo que no, te recuerda tus fracasos justo cuando quieres intentar algo nuevo. Te compara, te juzga, te protege de riesgos que quizás sí valía la pena correr. Esa voz construyó, sin que se lo pidieras, un personaje completo: con nombre, con historia, con heridas, con máscaras para cada ocasión.
A eso yo le llamo el ego y quiero decirte, antes que nada, algo que me costó mucho entender: no es tu enemigo. Es solo un niño asustado que aprendió, hace mucho tiempo, que sobrevivir significaba interpretar un papel. El problema nunca fue que ese personaje existiera, el problema es que un día dejamos de recordar que era un personaje, y empezamos a creer que era todo lo que somos.
Lo que descubrí cuando dejé de pelear con él
Durante años intenté combatir mi ego como quien combate a un intruso, lo señalaba, lo avergonzaba, intentaba silenciarlo a fuerza de voluntad, y cada vez que creía haberlo vencido, reaparecía con un disfraz nuevo, a veces disfrazado incluso de humildad espiritual, lo cual es todavía más difícil de ver.
Lo que finalmente cambió las cosas no fue pelear más fuerte, fue algo mucho más sencillo y mucho más incómodo: empezar a observarlo sin juzgarlo. Notar, en tiempo real, el momento exacto en que aparecía la necesidad de tener razón, o el miedo a que alguien pensara mal de mí, o la comparación automática con alguien que "iba mejor" que yo en algún aspecto de la vida.
Ese acto de observar, sin pelear, sin avergonzarme, solo mirando, fue lo que empezó a aflojar el nudo. Porque cada vez que logras ver al personaje actuando, hay algo en ti que ya no es completamente el personaje, hay una distancia, y en esa distancia, aunque sea pequeña al principio, empieza a respirar algo más libre.
El miedo que sostiene la máscara
Si me preguntas qué es lo que realmente sostiene al ego, después de tantos años observándolo en mí y en las personas que acompaño, te diría que es el miedo a desaparecer, no el miedo a la muerte física, eso es otra conversación, sino el miedo a que, si suelto esta identidad que tanto trabajo me costó construir, no quede nada.
Por eso el ego se aferra tan fuerte a la zona de confort, por eso resiste cualquier cambio profundo, aunque ese cambio sea exactamente lo que tu alma está pidiendo a gritos. No es que seas débil, es que hay una parte de ti entrenada durante toda tu vida para proteger un territorio, y cualquier territorio nuevo se siente, al principio, como una amenaza.
Y aquí está lo que quiero que te lleves de esto: esa voz que necesita aprobación constante, que revive el pasado, que anticipa el futuro con ansiedad, que jamás descansa en lo que está ocurriendo ahora mismo, esa voz no eres tú. Es un patrón, un hábito de pensamiento tan antiguo que se siente como identidad, pero que no lo es.
Lo que queda cuando el ruido se aquieta
Te voy a compartir algo que sigo viviendo, no como simple anécdota sino como práctica constante: cuando logro, aunque sea por instantes, dejar de identificarme con esa voz que comenta y juzga todo, lo que aparece no es otro pensamiento más elaborado: es un silencio, un espacio, algo que no tiene límites pero que tampoco es vacío.
Ese espacio ha estado ahí toda tu vida, esperando pacientemente detrás del ruido, no necesitas construirlo ni ganártelo, solo necesitas dejar de taparlo con la actuación constante del personaje.
Quiero ser claro contigo: esto no ocurre una sola vez y ya. El ego regresa, vuelve a tomar el timón cuando bajas la guardia, cuando estás cansado, cuando alguien toca justo la herida que menos quieres mirar. Yo sigo, después de tantos años, regresando a esta práctica una y otra vez, no porque haya fracasado, sino porque esa es exactamente la naturaleza del camino: un regreso constante, no un destino final.
Cómo trabajo esto en la práctica diaria
Lo que voy a compartirte no son técnicas que leí en algún lado, son prácticas que uso conmigo mismo y que sé que funcionan porque las he visto sostener procesos reales de transformación.
- Obsérvate sin juzgarte. Varias veces al día, detente un instante y pregúntate: ¿quién está pensando esto ahora mismo? No busques una respuesta inteligente, solo mira, ese acto ya te saca, aunque sea un poco, del personaje.
- Cuestiona la historia que te cuentas. Cuando te escuches decir "siempre me pasa esto" o "yo soy así", detente y pregúntate si es absolutamente cierto, o si es solo una historia que llevas repitiendo tanto tiempo que ya la confundiste con un hecho.
- Regresa al cuerpo. El ego vive en la cabeza, en el comentario constante. El cuerpo, en cambio, siempre está aquí. Una respiración profunda, sentir tus pies en el suelo, son puertas rápidas de regreso a la presencia.
- Siéntate en silencio, aunque sea poco tiempo. No para vaciar la mente, eso no funciona forzado, sino para observar lo que aparece sin engancharte con ello. Con la práctica, ese acto de observar se vuelve cada vez más natural.
- Sirve a alguien sin buscar nada a cambio. Es curioso, pero cuando te olvidas de ti mismo ayudando genuinamente a otra persona, el ego no tiene dónde agarrarse por un momento. Es uno de los caminos más directos que conozco para salir, aunque sea brevemente, de la prisión del personaje.
Lo que quiero que te lleves de esto
El ego no es lo que eres, es lo que aprendiste a ser, hace mucho tiempo, para sobrevivir en un mundo que no siempre supo ver quién eras de verdad.
Y si lo aprendiste, puedes desaprenderlo, no de golpe, no con violencia contra ti mismo sino con la misma paciencia con que se talla una piedra: un golpe consciente a la vez, día tras día, hasta que la forma verdadera, la que siempre estuvo ahí, debajo de todo, empiece a asomar.
No tengas prisa, yo tampoco la tengo, después de tantos años en esto... solo sigue mirando.
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"El poder del ahora" de Eckhart Tolle. Uno de los libros que más acompañó mi propio proceso de reconocer esta voz y aprender a no confundirme con ella. 👉 Consíguelo Aquí.
"Los Cuatro Acuerdos" de Don Miguel Ruiz. Sencillo y directo, para empezar a ver los acuerdos que el ego firmó por ti sin que lo notaras. 👉 Consíguelo Aquí.
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Escrito por: Tonathiu Estrada | León, Guanajuato, México
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Publicado: agosto 2026

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