viernes, 31 de enero de 2014

LA FALACIA DEL “CARÁCTER FUERTE”

¿Carácter Fuerte o Ineptitud Emocional?

            “Yo soy una persona de carácter fuerte”, todos nos hemos topado, al menos una vez en la vida, con una persona que afirme lo anterior o hemos sido nosotros mismos los que hicimos una afirmación tal.

            Las personas que se consideran a sí mismas fuertes de carácter son aquellas que por lo general destacan por tener una presencia que impone, un tono de voz fuerte, firme y elevado, un lenguaje corporal muy activo y enfático así como un léxico bastante “florido”.

            Las personas que afirman tener fortaleza de carácter expresan de manera abierta sus opiniones sin importarles lo que los demás piensen sobre ellas, levantan la voz y están prestas a realizar cualquier tipo de reclamo cuando consideran que han sido injuriadas o  violentadas en lo que consideran sus derechos. Estas personas tienen un “elevado sentido de la justicia” siempre que se trata de sus propios asuntos o que, siendo ajenos, les afecta directamente.

            Estas afirman que no son capaces de quedarse calladas cuando algo no les parece, que no tiene por qué “dejarse de los demás” o de intervenir en alguna situación que “requiera de su intervención”.

            El punto medular y delicado en este tema es que, según mi propia experiencia, en el 99 % de los casos no es que la persona tenga un carácter fuerte sino por el contrario una debilidad manifiesta del mismo.

            La persona que no es capaz de controlar los impulsos de la lengua, que no tiene el poder de someter a su voluntad los arranques de la emoción y discernir de manera coherente formas alternativas de reaccionar, basadas en la comprensión y la empatía, por encima de la irascibilidad y la explosividad, evidencian ineptitud y mediocridad emocional.

            La persona con un real carácter fuerte es aquella que a fuerza de trabajo interior ha logrado adquirir las virtudes que lo han de llevar a alcanzar sus objetivos. El fuerte de carácter se conoce a así mismo, conoce sus debilidades y ha aprendido de los fracasos emocionales a extraer de sí mismo, y de los golpes de la vida, las experiencias que le brindan la sabiduría para saberse conducir con armonía, equilibrio y control en la variada gama de su quehacer cotidiano.
           
            El poseedor de un verdadero carácter fuerte se compromete con una creencia, tiene dirección en su vida, y encamina sus actos y esfuerzos en ver colmados sus objetivos y cumplidos todos sus sueños. No pierde el tiempo en luchas vanas y sinsentido, discierne lo útil y lo valioso, aprovecha su tiempo de manera sabia y es maestro de sí mismo.

            Desarrollar la fortaleza de carácter es una tarea que todos los seres humanos debemos emprender si queremos alcanzar el éxito. Recordemos que nuestro modo de actuar está basado en patrones psicológicos y emocionales que replicamos por imitación o imposición pero muy pocas veces existe un verdadero sentido de dirección, sustentado en aquello que por el uso de la razón y la comprensión definimos como nuestro carácter o personalidad.

            Obsérvate con detenimiento y distingue con sabiduría si eres poseedor de un carácter fuerte o bien, por el contrario, tu actuar está determinado por tu incapacidad de someter al control de la voluntad la expresión de tus emociones.

            Recuerda:

“La fuerza del carácter con frecuencia no es más que debilidad de sentimientos”. Arthur Schnitzler (1862-1931) Dramaturgo austríaco.
           
           
            Escrito por: Tonathiu Estrada
Viernes, 31 de enero del 2014
León, Guanajuato, México

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